Vistas de página en total

miércoles, 15 de octubre de 2014

Exposiciones Impresionistas

Impresión, Sol Naciente (Claude Monet, Musée Marmottan Paris), Expuesto en la primera exposición en 1874


  • El color es mi obsesión diaria, mi alegría, mi tormento (Claude Monet)
  • Todo encuentro de arte significa un encuentro con nosotros mismos (Pierre Auguste Renoir)
  • Una pintura requiere un poco de misterio, algunas impresciciones y fantasía (Edgar Degas)


Se conocen como Exposiciones Impresionistas a las ocho exposiciones organizadas por los pintores del grupo impresionista en París entre 1874 y 1886, en que dieron a conocer sus trabajos al margen del Salon oficial controlado por la Academia de Bellas Artes francesa. Estas exposiciones supusieron un paso fundamental en la independencia del artista moderno con respecto a las instituciones académicas y a la creación de un mercado privado de arte.

El inicio de estas exposiciones se sitúa en el clima de malestar de muchos artistas franceses ante el sistema institucional del Salon de París. El Salon era una exposición colectiva en que las obras presentadas debían ser aprobadas por un jurado compuesto por profesores de la Academia de Bellas Artes y otros expertos en arte. En un momento en que el mercado privado de arte era aun incipiente, el Salon constituia el principal medio para que el pintor se diera a conocer y consiguiera vender su obra. 

Este sistema provocaba malestar en los artistas que veían rechazadas sus obras por parte del jurado, sea por motivos estéticos, o bien por motivos ético- políticos, al tratar en sus obras temas inconvenientes por los miembros de la Academia. La primera ocasión en que un pintor decidió realizar una exposición pública de su obra independiente de la del Salon y paralela a ésta fue Gustave Coubert en el pabellón independiente al que llamó Pabellón del Realismo (1855).

Otro antecedente de estas exposiciones es la exposición que en 1867 realiza el propio Edouard Manet, con ocasión de la Exposición Universal de ese año. También en 1867, algunos de los pintores del futuro grupo impresionista (Monte, Pissarro, Sisley, Renoir, entre otros) se plantean la posibilidad de exponer juntos o idependientemente de la Exposición Universal y del Salon de ese año, aunque dicha exposición finalmente no se realizó.

En este contexto conflictivo, durante los años 1860 se comenzarán a entablar relaciones entre algunos jóvenes pintores que cultivan una estética novedosa (los futuros artistas del impresionismo). La mayoría realiza sus estudios con pintores al margen de la Escuela de Bellas Artes. Más bien acuden a escuelas particulares o a academias que ponían a su disposición modelos para ejercitar el dibujo.



Almuerzo sobre la hierba (Edouard Manet, 1863, Musée d'Orsay, París). Fue la obra pictórica más polémica del Salon de los Rechazados del mismo año

Desde mediados de siglo se comenzó lentamente a visualizar un mercado privado de compra-venta de cuadros a cargo del marchand de arte y las galerías. En 1873 se reabrieron los debates entre los pintores acerca de la mejor manera para darse a conocer. Finalmente, y después de un acalorado debate se decidió formar una organización independiente llamada Sociedad Anónima de Pintores, Escultores y Grabadores. Entre sus objetivos se encontraba la organización de exposiciones colectivas sin jurados ni premios y la publicación de una revista portavos del grupo. 

El 15 de abril de 1874, dos semanas antes de la inauguración del Salon oficial, se inauguró la primera de las exposiciones del grupo de los impresionistas, abierta durante un mes entero, en el antiguo taller del fotógrafo Nadar. La exposición contó con 165 telas, obra de 30 artistas. 

La pintura que más comentarios suscitó y la que dio nombre al grupo fue Impresión, Sol Naciente (Claude Monet). El concepto de impresión, relacionado con los jóvenes pintores acerca de la inocencia del ojo, serviría para bautizar a estos pintores. 

Los miembros de la Sociedad de pintores que agrupaban a los impresionistas habían previsto realizar su segunda exposición durante 1875, Sin embargo, el escaso éxito de la venta de cuadros hizo menguar su confianza y provocó que no fuera hasta 1876 cuando tuvo lugar la segunda exposición del grupo. 

En esta ocasión fueron dioecinueve participantes, un número inferior al de la primera exposición, ya que algunos artistas poco cercanos a la estética impresionista no quisieron continuar exponiendo. También se produjeron nuevas incorporaciones, entre la que se destaca la de Gustave Caillenbotte. Por otro lado, Édouard Manet, fie a la idea de divulgar el arte nuevo para que pudiera entrar en el Salon, presentó a éste varias telas, aunque todas ellas fueron rechazadas catégoricamente por el jurado. Decidió no participar en aquella exposición, aunque sí colaboró prestando el Retrato de Bazille (Pierre Auguste Renoir) de su poseción. 




Baile en el Moulin de la Galette (Pierre Auguste Renoir, tercera exposición impresionista)

La tercera exposición tuvo lugar en París en 1877. Durante los preparativos tuvo lugar una reunión de los miembros de la Sociedad, en la que Degas propuso que se prohibiera a los socios exponer en el Salon oficial si querían exponer con el grupo. 

En esta exposición participaron 18 artistas, con 241 obras en total. Los pintores mejor representados fueron Monet (30 telas), Degas (25 telas), Pissarro (22 cuadros paisajísticos), Renoir (21 telas), entre las cuales se encontraba su Baile en el Moulin de la Galette. Por su parte, Sisley colaboró con 17 paisajes de los alrededores de París, Cézanne colaboró con 12 cuadros, en su gran mayoría se trataba de naturalezas muertas. 

La cuarta exposición se realizó entre el 10 de abril y el 11 de mayo de 1879. En ella participaron catorce artistas con 246 obras en catálogo. En esta ocasión volvieron a producirse discusiones en torno a la utilización de la palabra impresionista para referirse al grupo. Recordemos que Degas se opuso, desde siempre a ello. Finalmente decidieron llamarse grupo de artistas independientes.

Es importante mencionar la incorporación a esta cuarta exposición de Paul Gauguin, invitado, a último momento, por Pissarro y Degas, por lo que no ha sido mencionado en el catálogo. Si bien Gauguin comenzó su carrera en el impresionismo (con maestros tales como Pissarro), finalmente decidirá romper con dicho movimiento hacia el llamado posimpresionismo. Esta exposición fue, contrariamente a las anteriores, bastante bien aceptada por parte de la crítica, siendo los mejores artistas (siempre según la crítica), Monet, Pissarro, Degas y Mary Cassat. 




La Plaza Valhubert (Armand Guillaumin), expuesto en la quinta exposición impresionista


La quinta exposición tuvo lugar entre el 1 y el 30 de abril de 1880, aunque, en opinión de algunos expertos no se la puede considerar puramente impresionista, ya que tanto Monet, Renoir, Sisley y Cézanne, quedando la exposición mayoritariamente en manos Pissarro, Berthe Morisot, GIllaumin y Gauguin. Por su parte, tanto Monet como Renoir presentaron obras al Salon oficial (1880). De los dos cuadros de Monet, uno fue rechazado, mientras que las dos obras presentadas por Renoir fueron aceptadas. 

La sexta de las exposiciones se volvió a celebrar en el antiguo taller del fotógrafo Nadar, del 2 de abril al 1. de mayo de 1881. Participaron trece pintores y se expusieron 170 obras de catálogo. En esta ocasión quedó bien de manifiesto las dos corrientes opuestas del grupo: por un lado encontramos a Pissarro, Morisot, Guillaumin, Gauguin y Vignon, por el otro, Degas, Cassat, Forain, Rouart y demás participantes. 

La iniciativa para la séptima exposición surgió de Gustave Caillenbotte, quien deseaba reunir en ella a los diferentes pintores, superando las diferencias. Henri Rouart, pintor del círculo de Degas, se comprometió con Caillenbotte a intentar convencerlo, aunque fue en vano. Ante esta situación, los pintores más identificados con el impresionismo, que habían abandonado las exposiciones, donde abundaban cada vez más los seguidores del estilo de Degas, decidieron volver a exponer juntos y excluir a Degas y a sus discípulos. Tuvo lugar entre el 15 de mayo y 15 de junio de 1882. 

Los primeros pasos encaminados a organizar dicha exposición los dieron, por un lado, Berthe Morisot y Eugène Manet (hermano del Edouard Manet), consultando a sus amigos, y por otro, Camille Pissarro, quien se había puesto en contacto con Monet y con Mary Cassat. Los dos puntos de conflicto fueron la exclusión o aceptación de Degas y sus seguidores, y la aceptación de Georges Seurrat y Paul Signac, jóvenes pintores, creadores del puntillismo. La octava y última de las exposiciones colectivas tuvo lugar entre el 15 de mayo y 15 de junio de 1886. Contó con 17 participantes y 249 obras de catálogo.

Las exposiciones impresionistas son consideradas un hito en la historia del arte moderno en cuanto a la relación entre artista, público y mercado. La exposición impresionista de 1874 fue la primera exposición colectiva al margen de cualquier estructura estatal. La actitud de rebeldía y ruptura de los impresionistas, tanto en lo estético como en cuanto a la relación entre artista y mercado, los convierte en precursores de las futuras rupturas en el mundo del arte. 


Retrato de Bazille (Pierre Auguste Renoir), Segunda Exposición







sábado, 9 de agosto de 2014

Museo de Bellas Artes de Sevilla



El Museo de Bellas Artes de Sevilla fue instituido en septiembre de 1835 e inaugurado oficialmente en 1841. Actualmente es considerado la segunda pinacoteca más importante de España después del Museo del Prado. Se ubica en la Plaza del Museo, presidida por la escultura en honor a Bartolomé Esteban Murillo. Es un museo fundamental para conocer la pintura barroca sevillana, especialmente de Zurbarán, Murillo y Valdés Leal, así como la pintura andaluza del siglo XIX. 

El edificio del Museo se construyó en un principio como un convento de la Merced para la Orden de la Merced Calzada de la Asunción fundada por San Pedro Nolasco en época de Fernando III, quien cedió unas tierras a fin de levantar un edificio conventual.

Tras unas remodelaciones (SigloXVII) pedidas por Fray Alonso de Monroy y ejecutadas por el arquitecto y escultor Juan de Oviedo y de la Bandera en 1603, se comienza a construir el actual edificio, previo derribo del antiguo Convento. Su construcción concluyó recién unos 50 años más tarde, en estilo manierista andaluz.

La Orden que ocupada el edificio fue expulsada en 1835. El Museo fue creado por Real Decreto (1835) con el nombre de Museo de Pinturas. Fue gestionado por la Academia de Bellas Artes desde 1849 y un inventario de entonces recoge la existencia de 2050 piezas, aunque en 1993 se conservaban unicamente unas 300 de ellas, debido a que muchas fueron robadas o malvendidas, a veces por los propios directores, a lo que se debe sumar el expolio artístico durante la invasión francesa de 1810. Las donaciones en los años posteriores fueron abundantes. Ha sido especialmente admirable en tal sentido, la ayuda de la Asociación de Amigos del Museo de Bellas Artes de Sevilla.


San Hugo en el refectorio de los Cartujos (Zurbarán)

Se encuentra en la Plaza del Museo de Sevilla que cuenta con una estatua de bronce de Bartolomé Esteban Murillo, (de la cual existe una copia exacta frente al Museo del Prado en Madrid),  obra del escultor madrileño Sabino de Medina.

Desde su habilitación el edificio ha sido modificado en tres ocasiones: 

  • Entre 1868 y 1898: Se restauraron las arquerías y muros del primer piso, el solado de los claustros
  • Entre 1942 y 1945: La antigua sacristía se convirtió en el Patio de las Conchas. Además, la fachada principal cambió de lugar. Se cerró la portada barroca
  • Entre 1985 y 1993: Se rehabilitó en su totalidad y se acondicionó el edificio a fin de que sirviera como Museo

El origen de la colección comenzó con obras procedentes de conventos y monasterios. La gran mayoría de las obras estaba formada por pintura religiosa, mayormente barroca sevillana. Desde principios del siglo XX comienza a crecer la variedad gracias a las donacionesde colecciones particulares, entre las que se destacan las de Rafael González Abreu (1928), José Gestoso y Pérez (1931) y Andrés Parladé (1945), compuestas de pinturas, armas, cerámica, tejidos y mobiliario.

En los años 70  se normalizó el contenido del museo, reduciéndose su contenido y depurándose la presentación de la colección permanente. En las últimas décadas se ha incrementado la colección por las adquisiciones públicas de la Administración andaluza y las donaciones efectuadas por descendientes de artistas de principios del siglo XX.

La carencia más lamentable del Museo de Bellas Artes es el insuficiente repertorio de cuadros de Diego Vélazquez, quien desarrolló la mayor parte de su carrera en Madrid y casi todos los cuadros de su etapa juvenil sevillana se encuentran en museos extranjeros. Durante muchos años el museo tuvo el cuadro Imposición de la casulia a San Idelfonso (Velázquez) en su colección, pero al ser propiedad municipal fue reclamada por el Ayuntamiento y se expuso en el salón de plenos de la Casa Consistorial. En el Museo de Bellas Artes se conservan los cuadros de Velázquez Retrato de Cristóbal Suarez de Ribera y Cabeza de apóstol cedida por el Museo del Prado. 




Piano, 1750 (atribuido a Francisco Perez Mirabal)

Del siglo XVI encontramos pinturas de Lucas Cranach el Viejo, El Greco y Marten de Vos, así como San Jerónimo (Pietro Torrigiano). Se destaca la colección de pintura sevillana del siglo XVII de la que se pueden contemplar obras de los más representativos pintores españoles como Murillo, Velázquez, Zurbarán, Juan de Valdés Leal y Lucas Valdés, mientras que de los siglos XIX y XX podemos mencionar a Gonzalo Bilbao, Valeriano Bécquer y Eugenio Hermoso.

Las 14 salas del Museo se distribuyen de la siguiente manera: 

Planta Baja

  • Sala I: Arte medieval español
  • Sala II: Arte del Renacimiento
  • Sala III: Francisco de Pachecho y su escuela de retratos
  • Sala IV: Pequeñas obras maestras
  • Sala V: Antigua Iglesia del Convento. El Barroco sevillano, los grandes maestros. Se destacan las obras de Murillo

Planta Alta: 


  • Sala VI: El Barroco sevillano
  • Sala VII: Selección de pinturas de Murillo y sus discípulos
  • Sala VIII: Pintura de Juan de Valdés Leal
  • Sala IX: Pintura Barroca europea
  • Sala X: Dedicada a la obra de Francisco de Zurbarán
  • Sala XI: Pintura española y sevillana del siglo del siglo XVIII
  • Sala XII: Pintura sevillana del siglo XIX del Romanticismo al Realismo
  • Sala XIII: Romanticismo
  • Sala XIV: Pintura sevillana de la primera mitad del siglo XX

Algunas de las obras importantes del Museo son:

  • San Hugo en el refectorio de los cartujos, Apoteosis de Santo Tomás de Aquino y la Virgen de las Cuevas (Francisco de Zurbarán)
  • Las Santas Justa y Rufina, la Virgen de la Servilleta y la Inmaculada Concepción Grande (Bartolomé Esteban Murillo)
  • Martirio de San Andrés (Juan de Roelas)
  • San Francisco de Borja (Alonso Cano)
  • Las Cigarreras (Gonzalo Bilbao)


Inmaculada Concepción "La Colosal" (Bartolomé Esteban Murillo)



viernes, 6 de junio de 2014

Turner y el mar




El Peabody Essex Museum presenta Turner y el Mar, la mayor exposición en Estados Unidos dedicada a las marinas de Joseph Mallord William Turner. Del 31 de mayo al 1. de septiembre del 2014.

Dramático, violento, hermoso, peligroso y sublime: el mar era el tema perfecto para dar rienda suelta al talento de Turner y las 120 obras de exposición incluyen algunas de las pinturas más célebres de la larga trayectoria del artista. 

La extraordinaria calidad reunidas para esta exposición confirma su estatus como el pintor del mar por excelencia, y demuestra su habilidad única para representar el poder elemental del mar. La exposición incluye obras en préstamo de algunas de las instituciones artísticas más prestigiosas del mundo, como la Galería Nacional de Londres (Tate), el Yale Center of British Art, el Museo Británico, el Museo Metropolitano de Arte, el Royal Collectio Trust, la Fundación Calouste Gulbekian de Lisboa y la Galería Nacional de Arte de Washington

Desde sus primeras pinturas creadas en la Real Academia de finales del siglo XVIII hasta las marinas experimentales inacabadas que produjo hacia el final de su vida, más de la mitad de la producción artística de Turner se basó en temas marítimos. No debería ser ninguna sorpresa que un hombre que pasó gran parte de su vida a lo largo de las costas de Gran Bretaña y Europa, que pasó días enteros pescando en el Támesis, y que al parecer llegó a atarse al mástil de un barco para pintar mejor una tormenta, haya sido capaz de representar el mar con tanta maestría evocadora. 





El Valiente Temeraire (1839), Tormenta de Nieve en el Puerto (1842), Staffa, Fingal's Cave (1832), Ahora para el pintor (1837), Transportistas descargando el carbón por la noche (1835), Balleneros (1845) y Calais Pier (1803) se exponen junto a obras de otros importantes artistas británicos y europeos, entre ellos Willem van der Verlde, Claude-Joseph Vernet, John Constable, RIchard-Parks Bonington y Thomas Gainsborough. Otras obras destacadas incluyen la mayor pintura de Turner, La Batalla de Trafalgar (1824), una de las joyas de la colección de arte del Museo Marítimo Nacional, Pescadores en el Mar, El Naufragio de un Barco de Transporte, y su última pintura marina, The Wreck Buoy (1849).

Turner y el Mar cuenta con más de 100 obras que describen la trayectoria de cincuenta años de uno de los más célebres pintores de Gran Bretaña. Abarcando óleos, acuarelas, grabados y dibujos desde la década de 1790 hasta mediados del siglo XIX, este primer examen a gran escala de la atracción de toda la vida de Turner hacia el mar sigue la evolución del artista desde que era un joven y precoz pintor, hasta convertirse en uno de los maestros más importantes, polémicos y prolíficos de su arte. Dramáticas y turbulentas, soleadas o nubladas, el poder de los gloriosos lienzos de Turner cambió la estética marítima e influyó en incontables pintores cientos de años después de su muerte.

Turnr pintó el mar con más frecuencia que cualquier otro tema y fue el centro de la visión artística de su obra, desde el comienzo hasta sus últimos días. La naturaleza infinitamente mutable del agua y su relación con la luz ofrecía un enorme interés y desafiaba a cualquier pintor. 

Turner y el mar está organizado en siete secciones temáticas

  • Turner on Show: Incluye Fishermen at Sea, la primera pintura al óleo que Tuener expuso en el Royal Academy en 1796
  • Charted Waters: Muestra como la tradición de la pintura marítima influyó en las primeras obras del artista
  • M for Marine: Expone obras sobre papel como su colección de grabados Liber Studiorum o Book of Studies
  • Contested Waters: Demuestra como Turner desarrolló una nueva aproximación a la pintura histórica de proporciones épicas
  • Imagining the Sea: Expone dibujos y acuarelas
  • Making Waves: Está dedicada a las últimas obras de Turner, libres de todo convencionalismo artístico
  • Atlantic Crossing: Muestra la influencia de Turner en los posteriores pintores americanos


miércoles, 9 de abril de 2014

Alberto Durero, pintor, grabador y matemático alemán del Renacimiento

Alberto Durero: Los Cuatro Libros de la Proporción Humana (1528)


Alberto Durero (Nurenberg, 21 de mayo de 1471 - Núrenberg, 6 de abril de 1528) es el artista más famoso del Renacimiento alemán, conocido en todo el mundo por sus pinturas, dibujos, grabados y escritos de arte. Ejerció una desiciva influencia en los artistas del siglo XVI, tanto alemanes como de los Países Bajos y llegó a ser admirado por maestros italianos como Rafael Sanzio, Sus grabados alcanzaron gran difusión e inspiraron a múltiples artistas posteriores, incluyendo los nazarenos del siglo XIX y los expresionistas alemanes de principios del siglo XX. 

Nació el 21 de mayo de 1471 en Núrenberg. Su padre, Alberto Durero el Viejo (1434 - 1522) era un orfebre húngaro que emigró a tierras germanas y el primer maestro de su hijo, De su primera formación el joven Durero heredó el legado del arte alemán del siglo XV, en el que estaba muy presente la pintura flamenca del gótico tardío. 

Para los artistas alemanes resultaba difícil conciliar su imaginación medieval con el énfasis que los artistas italianos ponían en la antigüedad clásica, los temas mitológicos y las figuras idealizadas. La tarea de Durero fue la de proveer a sus compatriotas de un modelo con el que pudieran combinar el interés empírico por los detalles naturalistas con los aspectos más teóricos del arte italiano. 

En su abundante correspondencia, especialmente en las cartas al humanista y amigo Willibald Pickheimer, así como en sus publicaciones, Durero hacía hincapié en que la geometría y las medidas eran la clave para el entendimiento del arte renacentista italiano, y a través de él, del arte italiano. 



Alberto Durero: Autorretrato (1493), Musée du Louvre, Paris

En la lista de amigos se encontraba el austríaco Johann Stabius, quien le proporcionó los conocimientos y detalles sobre la construcción de relojes solares. Entre las notas que dejó en su diario, cabe mencionar la descripción de una pesadilla que tuvo una noche de Pentecostés (1525), donde veía caer trombas de agua del cielo. Marguerite Yourcenar hizo un interesante análisis en su libro, El tiempo, gran escultor. 

Desde 1507 hasta su muerte tomó notas y realizó dibujos para su tratado más conocido, Cuatro libros sobre las proporciones humanas (1528). Sin embargo, otros artistas contemporáneos suyos pusieron más atención en sus grabados, tanto en planchas de cobre como xilografías, que en sus escritos dirigidos a orientarlos en la modernización de su arte con desnudos de corte clásico y temas idealizados, propios del Renacimiento italiano. 

Entre 1488 y 1493, el taller de Wolgemut se dedicó a la tarea de realizar numerosas xilografías para ilustrar la Crónica de Núrenberg (1493). Es probable que Durero recibiera una instrucción exhaustiva de como hacer los dibujos para la plancha de madera. Durante toda la etapa renacentista el sur de Alemania fue centro de muchas publicaciones y era común que los pintores estuvieran calificados para realizar xilografías y grabados para ellas. 

En Basilea y Estrasburgo realizó ilustraciones para varias publicaciones, entre ellas, La Nave de los Locos de Sebastian Brant (1494). Durante esta etapa, comprendida entre su aprendizaje y su regreso a Núrenberg, (1494) su arte refleja una enorme facilidad en el trazado del dibujo y una minuciosa observación del detalle. 




Después de casarse con Agnes Frey (1494) en Núrenberg, Alberto Durero viajó a Italia, donde realizó acuarelas de paisajes con gran minuciosidad de detalle. Durante los diez años siguientes en Núrenberg, produjo un gran número de grabados que le ayudaron a asentar su fama. Entre ellas se destaca la serie del Apocalipsis (1498), Baño de hombres, Sansón con el león, La gran fortuna (1501 - 1502) y La caída del hombre (1504). Estas y otras obras de este período muestran una maestría técnica cada vez mayor en el arte de la xilografía y del grabado, un manejo de proporciones humanas basados en los textos de Vitruvio y una brillante capacidad para incorporar detalles de la naturaleza en obras que reflejan el entorno con gran realismo. 

Entre 1505 y 1507 volvió a viajar a Italia. En Venecia conoció a Giovanni Bellini y a otros artistas, y la Fundación de Comerciantes Alemanes le encargó la realización del retablo La fiesta del Rosario (1506). 
En 1507 regresó a Núrenberg, donde comenzó un segundo período de producción artística con obras como el retablo para la iglesia de los Dominicos de Fráncfort del Meno (destruido en un incendio en 1729), la tabla de la Adoración de la Trinidad (1508 - 1511, Museo de Historia del Arte, Viena), las tablas de Adán y Eva (1507, Museo del Prado), retratos y numerosos grabados entre los que se encuentran dos series de la Pasión, otra sobre la Vida de la Virgen, un Arco de Triunfo grabado en varias planchas de madera, encargo del emperador Maximiliano I y tres imágenes magistrales: El caballero, La muerte y El diablo (1513), San Jerónimo en su gabinete (1514) y La melancolía (1514). Mediante el grabado de línea Durero consiguió crear diferentes gamas de sombreado y textura, consiguiendo plasmar formas tridimensionales con una enorme maestría. 

En 1520 Durero se enteró de que Carlos I (sucesor de Maximiliano I) se trasladaría desde España a Arguisán para su coronación. El artista había recibido una pensión anual por parte del emperador Maximiliano. Se trasladó a Arguistán, y desde allí pasó a los Países Bajos. Su audiencia con Carlos I resultó sumamente satisfactoria. Regresó a Núerenberg, donde habría de permanecer hasta su muerte el 6 de abril de 1528. Su última obra fue los Cuatro Apóstoles (realizadas en dos grandes tablas) que aun se pueden admirar en la Alte Pinakothek de Múnich. 



Alberto Durero: Los cuatro apóstoles (1526), Alte Pinakothek, Múnich



El arte de Durero ha ejercido una influencia intensa y duradera en el arte occidental, fundamentalmente gracias a la masiva circulación de sus grabados, tanto originales como copias. En vida Durero disfrutó de una gran fama no solo en Europa Central, sino también en los Países Bajos, España e Italia y sus estampas fueron copiadas con frecuencia. 

La producción pictórica de Durero es más bien escasa debido en parte al tiempo que requería cada obra en diseño y ejecución. Además contó con ilustres clientes lo que le aseguró una estabilidad económica que le permitió concentrarse en los encargos más ambiciosos. Produjo y distribuyó sus grabados con una sagaz visión comercial. Diseñaba decenas de xilografías, mayormente de temas religiosos, que eran grabados en los tacos de madera por estalladores profesionales. Siglos más tarde, pintores como Zurbarán y Goya siguieron dilatando su influencia: el último cuadro conocido de Zurbarán, La Virgen con el niño y San Juanito (1662), se inspiró en el grabado de Durero, La Virgen y el mono (1498).

En todos sus trabajos teóricos, con el fin de comunicar sus teorías en el idioma alemán y no en latín, utilizó expresiones gráficas y usando la legua vernácula, el idioma comprensible para los artistas y artesanos.


  • Los cuatro libros sobre medición, instrucciones de medición con compás y regla: Esta obra está dividida en varios libros. El primero de ellos se centra en la geometría lineal. Las construcciones geométricas de Durero incluyen hélices, concoides y epicicloides. El segundo libro está dedicado a la construcción de polígonos regulares. El tercer libro trata de los principios de la geometría de la arquitectura, la ingeniería y la tipografía. En arquitectura cita a Vitruvio, aunque elabora sus propios diseños y columnas clásicas. El cuarto libro trata de las formas tridimensionales y la construcción de poliedos. También analiza un método (llamado construzione legittima) de representar un cubo en dos dimensiones a través de la perspectiva lineal. También muestra una variedad de mecanismos para el dibujo en perpectiva de los modelos  y proporciona ilustraciones de grabados de dichos métodos
  • Cuatro libros de la proporción humana: El primer libro muestra cinco tipos diferentes de figuras masculinas y femeninas, todas las partes del cuerpo expresan en fracciones de la altura total. Para ello se basó tanto en Vitruvio como en sus propias observaciones. El segundo libro incluye otros ocho tipos, fraccionados en el sistema albertiano. En el tercer libro nos muestra los principios por los que la figura se puede modificar (simulación matemática convexa, espejos cóncavos). También habla de la fisionomía humana. Finalmente el cuarto libro está dedicado a la teoría del movimiento. 

Ajeno al último libro es el ensayo autónomo en la estética (realizado entre 1512 y 1528), en donde habla de la llamada belleza ideal. Rechazó el concepto de belleza objetiva de Alberti, que propone una idea relativista de la belleza basada en la variedad. Aun así sigue creyendo que la verdad se oculta dentro de la naturaleza, sin que existieran reglas que ordenaran la belleza, aun encontrando difícil de definir los criterios de dicho código. También desarrolló la comprensión de la creatividad humana espontánea o inspirada en un concepto de síntesis interna selectiva. Su afirmación Un hombre puede dibujar algo con su pluma en medio de una hoja de papel en un día, o se puede cortar en un pequeño trozo de madera con su pequeño hierro y resulta ser mejor y más artístico que el trabajo de otro en el que su autor trabaja con la mayor diligencia durante todo un año, sintetiza a la perfección su creecia en tal sentido. 


Alberto Durero: Cabeza de un anciano (1521)

sábado, 1 de marzo de 2014

Antonio da Correggio



Inspirado en la cultura del siglo XV y sus grandes maestros como Leonardo, Rafael, Miguel Ángel y Mantegna, Antonio Allegri (Correggio, agosto 1489 - Correggio, 5 de marzo de 1534), conocido como Correggio comenzó a concebir la pintura de una manera nueva y desarrolló su propio enfoque artístico original. A través de la ternura expresiva de sus figuras y su amplio uso de la perspectiva, tanto en sus obras sacras como profanas, Correggio se convirtió en el precursor más moderno y atrevido de los ideales del Renacimiento de las llanuras padanas. Yuxtapone su estilo fuido, luminoso y muy emocional al color veneciano explosivo y al manierismo romano. Con el uso de la luz y la composición en diagonal obtuvo gran profundidad espacial en sus pinturas, convirtiéndose en una característica notable de su estilo. Sus majestuosos retablos de la década de 1520 fueron concebidos de forma espectacular, llenos de gestos, expresiones sonrientes, personajes interesantes y colores suaves. 

Antonio Allegri nació en Correggio, Italia. Su fecha de nacimiento es incierta, aunque se supone que fue alrededor de 1489. Su padre fue comerciante. Aunque se sabe poco sobre la formación de Correggio, se asume que se primera formación pictórica fue en el taller de su tío, el también pintor Lorenzo Allegri. 

De 1503 a 1505 fue aprendiz de Francesco Bianchi Ferrara (Módena), donde probablemente se familiarizó con el clasicismo de artistas como Lorenzo Costa y Francesco Francia, evidencia que se encuentran en sus primeras obras. Después de un viaje a Mantua (1506) regresó a Correggio hasta 1510. A este período pertenecen la Adoración del Niño con Santa Isabel y Juan. En 1514 acabó los tres tondos para la iglesia de Sant'Andrea de Mantua y luego regresó a Correggio donde, como un artista independiente y cada vez más reconocido firmó un contrato para realizar el retablo de Madonna en el Monasterio de San Francisco. 

En 1516 el artista se encontraba en Parma, donde pasó la mayor parte del resto de su carrera. Trabó amistad con Miguel Ángel un prominente pintor manierista. De esa época son La Virgen y el Niño con el joven San Juan, Cristo dejando a su madre y la Virgen perdida de Albinea.


Retrato de una Dama


Hasta los años veinte, Correggio es el autor de pinturas pequeñas, en su gran mayoría destinados a la devoción privada, con la excepción de un cuadro perdido de la Virgen de Albinea y un Descanso en la huída a Egipto con San Francisco que terminó el primer período de su carrera. En ese momento aun vivía en su ciudad natal, un centro para nada secundario en la vida cultural de la época.

El segundo período de la vida de Correggio se abre en 1520 con la ejecución de una obra de gran refinamiento estilístico y enigmático, pero cuyo origen es sofisticado: el Retrato de una Dama, identificado diversamente en Veronica Gambarra o Ginebra Rangone como modelos). 

En 1522 firmó un contrato para la decoración del coro y la cúpula de la catedral de Parma, la cual comenzó a pintar recién en 1524. En la cúpula está pintada la escena de la Asunción de la Virgen en la que una multitud de ángeles dispuestos en forma de vórtice ascendente acompañan el ascenso de la Madonna en un cielo nublado.  

En1520 es llamado a Parma por la abadesa del monasterio benedictino de San Paolo, quien le encarga la decoración del techo de un pequeño comedor (Cámara de St. Paul: el verdadero significado de la pintura se mantiene en secreto, convirtiéndose en uno de los más fascinantes misterios de la temprana iconografía del siglo XVI. 

Después de casarse con Francis Girolami Braguetis, de la que tuvo cuatro hijos, Correggio se trasladó a Parma en 1524, donde obtuvo su primer gran encargo público, los Frescos de la iglesia de San Giovanni Evangelista. Otros compromisos importantes fueron  La Natividad (conocida como La Noche, 1522), la Madonna di San Sebastiano (1524), la Madonna del Latte (1524), la Oración en el Huerto (1524 - 1525), el Ecco-Homo (1526 - 1527), la Madonna de San Jerónimo (o, El Día, 1526 - 1528), la Virgen de la Taza (1528 - 1530) y la Madonna di San Giorgio realizada en 1530. 


Danae


Se trata de obras de gran elegancia con una suavidad cada vez mayor de la modelización, la delicadeza del color y el efecto dinámico, obtenido gracias a la concatecación de gestos y miradas. En estas conexiones el pintor fue capaz de captar el vínculo más auténtico entre las distintas figuras.

El trabajo más importante realizado por Correggio en sus últimos años fueron sus lienzos de Los Amores de Júpiter, encargados por el Duque de Mantua para regalárselos a Carlos V. Así entre 1530 y 1532 pinta las historias de Leda, Io y Gamínedes y Danae, interpretando todos los temas con un sutil e inimitable erotismo y una extraordinaria gracia pictórica. 

La obra de Correggio se inserta dentro de la nueva sensibilidad hacia lo misterioso. En los ambientes cultos después de la crisis de los valores humanistas (razón y virtud) vuelve a aparecer el interés por la filosofía oculta, el hermetismo, la magia y la alquimia como fuente de conocimiento y forma de cultivar una sensibilidad hacia lo misterioso y elevado. Estas corrientes esotéricas se encuentran se encuentran en la obra de Correggio que, en la serie de pinturas sobre mitología clásica, ya no expresa ni el concepto ni la idea que se encuentra en Rafael o Miguel Ángel, sino la ambigüedad de significados y su lectura polivalente. Las formas y el color son sensuales, la luz casi irreal inunda y envuelve los cuerpos o se manifiesta esplendorosa. 

En los temas mitológicos como Leda y el cisne o Júpiter e Io, nos plantea mediante una evidente sensualidad, fenómenos extraños, misteriosos, o de erotismo contra natura. 

Isabella d'Este marquesa de Mantua encargó dos obras que han completado la decoración de su estudio en el Palacio Ducal de Mantua. Se trata de la Alegoría del vicio y la Alegoría de las virtudes (ambas realizadas hacia 1531), dos pinturas que son el preludio de las cuatro obras maestras finales de su carrera: los llamados Amores de Júpiter (Danae, Leda y el cisne, El águila y Ganymede y Júpiter e Io), encargadas por el Duque Federico II Gonzaga en los años treinta del siglo XVI. Al regresar a casa Correggio murió repentinamente el 5 de marzo de 1534. 



Madonna y el Niño con San Jerónimo y María Magdalena (El Día)